Vacunas, ricos y pobres. Pierden los de siempre

Gaurkotasuna
19 Otsaila 2021

Si crees que la salud es un derecho universal y las vacunas tienen que estar al alcance de todo el mundo, vivas en el país que vivas, puedes ayudar colaborando con en esta recogida de firmas de Alboan, Entreculturas y ECCA. Pedimos "vacunas para todos los países".

¿Está bien que se vacune antes a un europeo o estadounidense de mediana edad, que trabaja en casa, que a una enfermera sudafricana de primera línea?

Mientras asistimos a la pelea de la UE con el Reino Unido y las farmacéuticas por el suministro semanal, cabe preguntarse: ¿está bien que se vacune antes a un europeo o estadounidense de mediana edad, que trabaja en casa, que a una enfermera sudafricana de primera línea? Yo creo que no, que estamos frente un ejemplo de desigualdad extrema. De eso irá este espacio que comienza hoy, de desigualdades, de la emergencia climática y las fronteras, del poder y la vulnerabilidad. Gracias por acercaros.

Es natural que estemos centrados en el cuándo se vacunará a nuestros padres y en qué momento la economía de nuestro país podrá recuperarse. Dicho esto, nos enfrentamos a un desafío que no conoce fronteras. Por ética y por interés propio, deberíamos abogar por un abordaje global que asegure la vacunación universal si queremos vencer al virus.

Vacunas en un tiempo récord & nacionalismo de las vacunas

Hay que reconocer el inmenso éxito que ha supuesto lograr varias vacunas en un tiempo récord, para un virus desconocido hace un año. En su génesis, se trata además de un buen ejemplo de colaboración entre el sector público y la empresa privada, con el primero financiando la investigación y anticipando compras y las empresas poniendo lo mejor de su capacidad investigadora.

Aquí se acaban las alabanzas. En el lado de los gobiernos se está ejerciendo a muerte el 'nacionalismo de las vacunas'. Los países ricos acumulan dosis sin piedad hacia otras naciones, especialmente hacia las que tienen menos poder y dinero. La UE, el Reino Unido o Estados Unidos han blindado viales para vacunar hasta tres o cuatro veces a su población. Estamos ante un recurso escaso, por lo que este acaparamiento supone que en la mayor parte del mundo la vacunación no haya comenzado aún. Esto supondrá un retraso de muchos meses en el logro de una inmunización suficiente. Una buena prueba es que el 99% de las dosis de la vacuna de Pfizer ha llegado a los países ricos, el 1% a los de ingreso medio y ninguna a los más pobres.

El mapa que muestra la evolución de la vacunación es el de un mundo roto, en el que la población de África tendrá que esperar hasta 2022/23 para ser considerada parte de la humanidad que merece una vacuna.

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El mecanismo multilateral Covax está parado

Este 'apartheid' sanitario se ha tratado de suavizar a través del mecanismo multilateral Covax, auspiciado por la OMS, al cual los donantes han aportado fondos para comprar dosis y asegurar al menos la vacunación del 20% de la población mundial en función de su vulnerabilidad y riesgo, no de su dinero y origen. Sin embargo, la combinación de altos precios de las vacunas y la prioridad por los países desarrollados lleva a que, en el mejor de los casos, el mecanismo Covax solo lograría vacunar a un 3% de la población antes de agosto.

Las farmacéuticas también han ido a asegurar lo suyo primero, en este caso, el beneficio a través del precio y la propiedad intelectual. Ha habido alguna iniciativa positiva para facilitar la producción de la vacuna por parte de un fabricante de genéricos o para relajar los derechos de patente. Sin embargo, el desafío de incrementar exponencialmente la capacidad solo se puede afrontar compartiendo el conocimiento del proceso de producción de forma automática, a medida que este se va generando. De esta forma, otros fabricantes se habrían podido sumar a la batalla contra el virus con anticipación.

Covid-19 Technology Access Pool

El mecanismo para compartir conocimiento existe, se llama Covid-19 Technology Access Pool y no ha recibido ninguna contribución desde mayo de 2020. Así nos va en la producción de dosis. Escasas, caras y controladas por unas pocas empresas que responden solo ante su consejo de administración. Cabe recordar que todas las compañías fabricantes de vacunas han recibido ingentes cantidades de recursos públicos para la investigación y los ensayos, y más dinero en forma de compras anticipadas.

Es cierto que estas empresas también cuentan con inversores privados que deben ver recompensada su inversión con un retorno razonable. La pregunta crucial es ¿de cuánto y hasta cuándo? ¿Un 10, un 100, un 300%? ¿Es aceptable que haya personas que se hagan muy ricas durante una pandemia a costa del sufrimiento de una parte de la población?

La consecuencia más importante de esta guerra de poder es inhumana. Miles de personas más morirán por el coronavirus y decenas de millones serán arrojados a la pobreza por una crisis que podría haberse acortado.

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Dicho esto, las consecuencias se sentirán también en los países ricos. Por tres razones.

  1. La primera es el propio virus. Como hemos visto con la sucesión de nuevas cepas agresivas y diferentes, la pandemia no estará controlada en ningún lugar hasta que lo esté en todos. Salvo que se blinden las fronteras de países enteros, como han hecho algunos, y aun esto solo puede ser una medida exitosa temporalmente. La realidad es que nadie está a salvo hasta que todos estemos a salvo.
  2. La segunda es el impacto económico de no vacunar de forma universal. La acumulación de vacunas en unos pocos países puede llegar a costar nueve billones de dólares a la economía mundial, casi la mitad de ellos a los países desarrollados, dado lo interrelacionada que está la economía global.
  3. Por último, este desprecio a los países más pobres en un momento crítico dejará heridas en las relaciones internacionales que perdurarán años. ¿Con qué cara van a ir los gobiernos con esa cooperación internacional que habla de ser socios, de paridad, escucha y respeto? Nos llamarán hipócritas, con razón. Y mirarán una vez más a China, y ahora también a Rusia, que les han prestado más atención.

La humanidad ha demostrado una vez más su capacidad de responder a desafíos descomunales con la solvencia de la ciencia y el músculo de la financiación. Sin embargo, a la hora de abordar la producción, hemos reproducido el hundimiento del Titanic, en que más personas podrían haberse salvado de haber actuado de forma planificada y colectiva, no a empujones de los más fuertes, muchos de los cuales se hundieron también.

Un bien público, y no hay otro más crítico que las vacunas para el covid-19, requiere de una intervención concertada por parte de la comunidad internacional, incluyendo mecanismos coercitivos sobre la propiedad intelectual que aseguren el aprovechamiento máximo de la capacidad productiva del mundo. Requiere también de un reparto equitativo en función del riesgo de cada persona, viva esta donde viva.

Fuentes: El confidencial, artículo de opinión de Chema Vera