El maltrato a los Servicios Sociales públicos

Actualidad
13 Enero 2022
  • A continuación se reproduce la traducción al español de un artículo de opinión de Jordi Balot(*) para Social.cat. Aunque hace referencia a los Servicios Sociales públicos en Cataluña, las situaciones que describe podrían repetirse, en muchas comunidades autónomas; y también, en otros países dónde "lo social", y la dotación económica para las políticas sociales, parece que son la última prioridad de los/as responsables políticos.

Van pasando los años y la situación social de nuestro país va empeorando. A la mala situación habitual por la falta de inversión en la pata social del Estado del Bienestar por parte del Gobierno, debemos añadir, en estos últimos años, los efectos nefastos de la pandemia que están repercutiendo en muchas familias que nunca se habían visto afectadas y no habían tenido que recurrir a los servicios sociales. Esto es una realidad que en ningún caso puede pasarnos desapercibida. La demanda en los servicios sociales se va incrementando año tras año.

Pero no aprendemos. En los nuevos presupuestos de la Generalitat, el gasto social se sitúa en la mitad del gasto educativo y en un tercio del gasto sanitario. Una desproporción muy grande si debemos tener en cuenta que el gasto social hace referencia a las necesidades más básicas para garantizar la supervivencia de nuestros ciudadanos y ciudadanas. Como se puede observar, el taburete con las 3 patas (ámbito social, ámbito educativo y ámbito sanitario) está muy cojo y no permite hacer frente a todas las necesidades que se presentan. Resulta incomprensible cómo, en una sociedad avanzada del siglo XXI como es la catalana, a mediados de año, desde los servicios sociales ya debe notificarse a las personas que van a pedir ayuda para su supervivencia, que no hay dinero para ayudarles y, por tanto, deben buscarse la vida a través de entidades sociales o de otras formas, como puede ser la economía sumergida.

Tampoco es de recibo cómo, una vez más, las entidades sociales (fundaciones, asociaciones y todo tipo de oenegés) deben hacer de “banco” de la administración pública, adelantando un dinero que no les ha llegado y que, muchas veces, ni siquiera saben si la administración les concederá en la solicitud de una subvención que no se resolverá hasta final de año, cuando las entidades ya han tenido que avanzar, a fondo perdido, el dinero por a desarrollar los proyectos y servicios que tienen a disposición de las personas más vulnerables.

Cuando van pasando los años y no se encuentra ninguna solución para garantizar este gasto que se va incrementando en el ámbito social, precisamente porque se incrementan las necesidades de las personas y familias, y tampoco se encuentra la solución para garantizar una financiación estable ya largo plazo de los proyectos y servicios de continuidad que ofrecen las entidades sociales sin depender de una subvención anual o bianual, la conclusión es que los servicios sociales siguen siendo considerados como unos servicios de “segunda división”, no se cree desde de las instancias políticas en el Estado del bienestar y se sigue poniendo de manifiesto el maltrato que sufre el ámbito de "lo social" y, en consecuencia, la atención a las personas más vulnerables.

El día en que las políticas sociales de nuestro país y, en consecuencia nuestros legisladores, crean en las personas, los presupuestos lo reflejarán de otra forma. Esperamos que no tardemos en verlo y que nuestros políticos se pongan las pilas.

(*)Jordi Balot es Licenciado en Teología y educador social. Actualmente es presidente de la Federación Catalana de Voluntariado Social (desde junio de 2018). Con anterioridad ha sido director director de la Fundación Joan Salvador Gavina, director del programa de atención a enfermos de sida y prisiones de Cáritas de Salamanca; director de programas de Arrels Fundació; jefe de área de dependencia y centros sociosanitarios de la Obra Social de Catalunya Caixa y gerente del Colegio Oficial de Trabajo Social de Catalunya.

Fuentes: Social.cat, J. Balot; img: diariosur